Lucia robledal

Olor a mar, olor a verde, olor a playa… Amigos, familia, paisajes asombrosos, la mitología y la comida de mi madre… eso es lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en mi querida Cantabria. Cuando uno deja algo te pueden pasar dos cosas; una, que no eches ese algo de menos, o dos, que valores todo lo que has dejado atrás. Creo que la segunda opción, nos pasa a la mayoría que dejamos de vivir en Cantabria. A pesar de que llegamos a un sitio nuevo, que nos apasione, donde queremos estar, donde tengamos otras oportunidades y nuevas experiencias, siempre se echa de menos aquel paisaje con un cacho de ciudad, con un cacho de playa, y con un cacho de montaña. Eso es para mi Cantabria, el punto donde alguien puede encontrar los tres factores normalmente más buscados por la gente: montaña, playa-mar, y ciudad. ¿Todo esto en uno? Sí, ¿Qué suerte no?. Cuando una nace en un lugar así, como es mi ejemplo, nunca pierde esa característica de ser mujer u hombre de mar, de montaña. Uno se da cuenta, cuando a pesar de vivir en otra ciudad que te lo puede dar casi todo, se echa de menos a esos paisajes y a tu gente. De las cosas que más me acuerdo es del mar y de la playa. La suerte que tengo de tener una casa en un sitio donde puedes acceder desde una playa muy tranquila, en Santander por ejemplo, a una playa más salvaje, en Somo o Liencres. Irse fuera de tu tierra, tiene muchos muchos puntos positivos y a mí, personalmente me encanta, pero no es la cosa más fácil del mundo. En mi caso, me apasiona viajar y aprender idiomas, por ello emprendí la aventura de mudarme a Alemania. Incluso cuando te vas, por tu propio pie, se echan muchisimas cosas de menos. La gente, tu circulo social, tu tierra… Cuando sales fuera conoces a una cantidad enorme de gente, de todo tipo. Es muy enriquecedor, pero hay muchas veces que me he parado a pensar: Me encantaría poder vivir esto con mis amigos de siempre, ¡ójala estuviera aquí mi amiga/o…! etc etc. Esa es una parte dura, juntada a la de la familia, la cual siempre está ahí, estés donde estés, pero cuando una se va, no siempre puede recibir un abrazo de una madre, de un padre, o de una hermana cuando lo necesita. A lo cual, también encuentro un lado muy positivo, y es que uno valora todo, uno se da cuenta de lo importante que puede llegar a ser la familia, los amigos que son de verdad y lo bonita que es tu tierra. También de lo importantes que son para uno los paseos al lado del mar, el respirar aire puro en la montaña, el coger el coche y descubrir calitas asombrosas y todos esos pequeños detalles con los que uno se ha ido criando. Como ya he dicho, me encanta viajar y la vida que de momento llevo, descubriendo nuevos países, culturas y lenguas, pero desde mi experiencia, os puedo decir, que a cada sitio al que voy cuando se da la ocasión, no dejo de repetir: Tenéis que ir a Cantabria, si tenéis la oportunidad, descubriréis como una Comunidad Autónoma muy chiquitita os va a sorprender.

Lucía V.C