España es tierra de bellas ciudades, pero ¡ay, Cádiz!, Gadir, Gades, Didyme… fabulosos nombres para nombrar a la deslumbrante “tacita de plata”… Plinio el Viejo, la describió ya en su Historia Natural. Más de 3.000 años de realidad arqueológica la constatan como una de las urbes más antiguas de la Europa occidental. Pasear por Cádiz es un no parar de disfrutar; callejear por sus calles por las que el viento juega, cambia de dirección y se pierde, porque hasta el mismo viento se quiere perder por no dejarse llevar a otro lugar, al igual que me quise perder yo por sus callejuelas. Y es que no es solo su arte, es también el arte de sus gentes amables que te hablan y te hacen sonreír, que te invitan a hacerte amigo de su cruce de culturas. Siglos de casas y palacios bien pensados sobre la llanura litoral, obra de arquitectos que bien merecen su categoría.  cadiz plaza

Desde el campanario de la ciudad se dominan los puntos cardinales, respiramos profundamente para regalarnos esa marina que nos entra y nos regenera las moléculas de nuestro cuerpo, esa brisa marina que impulsaría a los fenicios a quedarse y a navegar, pues Gadir formaba una de las cabeceras de navegación fenicia que unía los dos extremos del Mediterráneo.

Gadir era una ciudad de geografía particular. En realidad, se trataba de un archipiélago formado por tres islas: las Gadeirai, las «gaditanas». Las dos más occidentales, a las que conocemos por sus nombres griegos de Eritheia y Kothinoussa, estaban unidas por una barrera arenosa formada por los sedimentos que el río Guadalete depositaba al morir en el mar. La tercera isla, al este, era la de Antípolis. Esta espectacular geografía  permitía protegerse a los navíos para fondear en cualquiera de sus lados, guareciéndose de los fuertes vientos que procedían del mar, todos los gaditanos conocen muy bien al molesto y asfixiante viento de Levante. Cádiz era pues un ansiado y estratégico punto de navegación y salida del Mediterráneo a la ignota costa africana del oeste. Por ello, Fenicios, Tartésicos, Cartagineses, Romanos, Árabes y Visigodos lucharon por dominar a la hermosa ciudad, porque parece ser que los seres humanos nos empeñamos en querer dominar lo hermoso, con lo bueno que es tan solo atraerlo o disfrutarlo. Quizás por ese motivo yo disfruté enamorado de Cádiz, escuchando la voz mágica de una sirena que me guiaba por el mar y me contaba secretos de la ciudad ansiada por las huestes y los imperios y tan querida por sus habitantes que la aprecian y la quieren como se merece. Afortunados los que viven en el paraíso porque ellos lo disfrutarán en vida.

El cartógrafo, geógrafo y político griego, Posidonio, según nos refiere Estrabón, nos dejó escrito que la ciudad la fundaron fenicios procedentes de Tiro, siguiendo las indicaciones de un oráculo. Tras dos intentos fallidos, uno al este y otro al oeste del estrecho de Gibraltar, en los que los sacrificios ofrecidos a la divinidad no resultaron favorables, la tercera intentona se saldó con éxito. La nueva colonia recibió su nombre de la muralla que la rodeó, pues gadir era el nombre que los fenicios daban a un «recinto cerrado».

 

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La plaza de la Candelaria es un lugar muy concurrido y querido en pleno centro de la ciudad donde se expone un monumento a Emilio Castelar, presidente de la Primera República Española.

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Centenares de detalles arquitectónicos y esculturales impregnan la ciudad embelleciéndola y convirtiéndola en un verdadero museo.

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Las plazas y paseos son un lugar para el descanso y para la actividad, para reposar y para admirar, para relajarse y para emocionarse. Sol, viento, tierra y mar.

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En su parte moderna, disfrutamos de sus extensas y soleadas playas donde un mar tranquilo y a una temperatura perfecta nos refresca.

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En el mercado un atún rojo de Almadraba (sistema de pesca tradicional ya empleado en épocas romanas) nos sorprende, ya que el 90 % de la producción es comprada por los japoneses antes de llegar al mercado español. Es el pescado más espectacular y riquísimo que he comido, a pesar de la pena que me da ver un animal tan bello cuarteado.

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El paseo del Malecón que dicen tener tanta similitud con el de la ciudad de La Habana y que confirmo por haber paseado por los dos. Por eso aquello de la canción de “La Habana es Cádiz con más negritos”.

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La poderosa catedral de Cádiz y sus catacumbas donde descansan los restos del excelso músico y compositor Manuel de Falla. (100 pesetas si que daban para algo)cadiz catacumba

Nos despedimos con un atardecer, un canto al sol que se mete por el mar reflejando con mil colores el cielo y la marina.

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